lunes 2 de febrero de 2009

Agradecimiento

Te escribo desde aquí
desde la calle retocada
descubierta por su luna
extrañado
te escribo desde la playa desolada
silenciosa e intranquila
te escribo en estos lugares muerto de frío
escribo desde la orilla ocultándome
donde tu nombre muere
y alumbra recordando
tu llanto tras mi hombro
en donde impío fue mi llanto
e insensible su calma.

Te escribo, decía
para expresarte
en forma de palabras
solo imágenes vencedoras por imágenes derrotadas
no creas que no lo recuerdo
aun enumero la vez
que quedaste esperando
que no haya peligro
para irme a casa
o a donde este mi casa
¡imagínate que cosa más tonta!
aunque sé que lo hacías objetivamente
me conmovió hasta la desesperanza.

No creas que lo he olvidado estimada
aun recuerdo la vez que me hablabas
sin pronunciar
acerca de la ternura
yo no me había percatado
pero cuando lo hice
te abrace con una felicidad
igual a la de la niñez
espero aún lo recuerdes
porque también fue conmovedor.

Pero hablo de una voz purista
despurificada con su cercanía
cada vez más cerca
y menos mía
vuelve a mi llano
la risa
y tu gemido cubierto
y el aroma azul
violeta de los aires
que me trajeron entre mis huidas
una caricia
un rostro infinitamente acariciable
y un descubrir tras tu cabello.

Te darás cuentas hasta estas líneas
que solo quiero que entiendas
esta forma espontáneo
de agradecimiento
aunque sé que estaré endeudado
de palabras bonitas
poetizadas
amorosas
sé que te debo una risa entusiasta
aunque ahora siempre trato de regalártela
regalártela de otro modo
sé también que es demasiado tarde
y más ahora que todo es tan confuso para mi.

Pero no pierdas cuidado en insultarme
o embalsamarme
(ni es mi intención ironizar)
pues de alguna u otra manera
excepcional u ordinaria
yo estaré para ti
siempre que lo requieras
o mejor dicho
siempre que lo necesites.

(Joel Cáceres)

jueves 9 de octubre de 2008

Encuentro (cursilerias primarias)

Pues bien,
digamos que yo te escucho
y te hablo,
te pregunto cómo estás,
qué tal te va;
te converso
y te nombro sin nombrarte,
me acerco a tus peldaños
y continúo excusando
tus palabras;
intuyo o
trato de intuir tu mirada
y observo
a penas inicialmente
la luz apacigua de tus ojos,
que de pronto
me fulguran
y atraviesan mis verdades y mis mentiras.

Pero bueno,
digamos que lo advierto
y me acerco
aquella luz de tus ojos bobos,
volteo mi mirada,
y tu mirada,
y derepente
se encuentran tus ojos frente mis ojos,
y logro apreciar con claridad
una luz entre los dos,
que me enciega fácilmente,
pero fijamente conserva
su ternura y
su mismisima claridad transparente
que pareciere del rocío.

Y bueno, lo inadvierto
o quiero inadvertirlo,
y nuevamente escondo mi mirada
sin dejar de pronunciarte,
o desde afuera
y pronunciar tu nombre
desde dentro de mi nombre
o desde la poesía
que te ha enunciado
todas estas contritas tardes
en que encontré tus ojos

Así, continúo pronunciándote
tratando de encontrarte o
encontrarme
en cenizas de otro modo
o por amor de otro modo.
Sin embargo, finalmente
acabo por concluir tus oraciones
a tus ojos extraviados,
y es por ello que asimilo tu ternura
o me asombro,
me trastocan tus imágenes
y callo con validad
una vez que se logra perder
por las ventanas de esta ciudad
tu luz fulgurante…

Pero en fin, digamos
o me imagino
que eso fue una coincidencia
que no ha de pasar,
que me está proscrita tu ternura
que no eres pasar,
ni eternidad,
ni siempre;
y si te atrevieses
o atreviéseme a hablarme
del olvido,
es decir, del tiempo
y de mi viento de tantalo,
te alejases para siempre de mi cuerpo,
de mis sueños transparentes
y mis muertes superpuestas
o tus sueños
o tus muertes
adyacente a mis palabras,
sólo cuando te escribo sin pronunciarte,
ni esconderme,
ni responderme de otro modo
o volverte a preguntar,
talvez con la misma excusa,
cómo estás
o qué tal te va la vida.

(Joel Cáceres)

miércoles 10 de septiembre de 2008

Escribir estas palabras

Escribí estas palabras
para que rompas en llanto
para asesinarte sin sombras
para que sonrojes
tus lagrimas
para devastar castillos
dragones
y princesas
princesas ultrajadas
burladas
e irresistiblemente insistentes.

Escribí este canturreo
para escupirte
en la cara
para vivir nuestra muerte
mi ausencia de carroña.

Escribí este canto
con total desesperación
para que me abras tus piernecitas
para devorar tu sexo
y embriagarme de tus senos.

Escribí esta maraña frondosa
para desfigurarte el rostro
ensangrentadme la cara
y asesinarte sin contingencia
justificar el absurdo
de tus zapatos transparentes
explorar tu hedor
y escribirte encolumnada.

Escribí tus lagrimas derrotadas
tu castidad mendiga
tu moral
y el color de tu olor
y el olor de tu respiración
y el miedo como una manzana
un espurio encuentro
atrapados en la inercia de equilibrio
tus afrentas cartas blancas
tus semillas amamantadas
y tus oscuras y claras palabras
atendidas por los bosques
y el mar sucio de Lima.

Escribir este viento acandilado
que se desprende de mis ojos
y poco a poco
acecha tus muertes enrizadas
y estruja tus cenizas de primavera
y calma o destruye
tu risa fresca.

(Joel Cáceres)